2.5.12

Un impostor entre bambalinas

Heme aquí que por razones familiares me he visto envuelto en una situación en la que nunca pensé que me iba a encontrar.  Con motivo de la nominación como mejor espectáculo infantil de El fantástico viaje del espermatozoide Jonás, mi hermano, el actor Monti Cruz, y la también actriz Susana Fernández consiguieron invitaciones para asistir a la gala de los XV premios Max de teatro. Y allí que fui de conductor y acompañante.
Por la entrada al teatro-circo Price deambulaban sin alfombra roja actores y actrices de las series de televisión (a la mayoría de los cuales desconocía) y grandes glorias de las tablas españolas como el Tricicle, Fernando Arrabal, José Mª Pou, Julia y Emilio Gutiérrez Caba...  Había tantos que me en uno de los muchos empujones pisé (sin querer) a a Guillermo Montesinos.
Ángel Calvente y El Espejo Negro
tras la entrega de los premios
Luego vino la gala propiamente dicha, que retransmitió en falso directo La 2 de TVE.  Al parecer hubo cortes de algunos discursos de los galardonados, sobre todo en ciertos momentos en los que fueron críticos con la situación del teatro y de la realidad en general.  En último lugar se entregó el premio al mejor espectáculo infantil y ahí fue cuando la cla malagueña empezamos a dar gritos y botes, porque Ángel Calvente se traía el segundo Max, después del que ganó en 2009 por La vida de un piojo llamado Matías.  Parece que ya no caben comentarios como los que hace unos días perpetraron desde algún medio de comunicación. Usar la cultura como alma arrojadiza en los conflictos políticos indica especialmente la catadura moral de quienes lo hacen.  Las gentes del teatro fluctúan entre la magia de las tablas y los palos que les dan la carretera y el olvido. Los, por así llamarlos, periodistas confundieron pagos atrasados por actuaciones realizadas con subvenciones compravotos, esas que siempre se usan para explicar las derrotas políticas reiteradas.
En la salida le hice una foto a Fernando Arrabal y una muchacha me dio un jocosa patada en el culo porque me confundió con un amigo titiritero. También me consideraron parte de la compañía y me felicitaron por las escaleras.  Empezaba a creerme el impostor inverosímil Tom Castro de aquel relato de Borges. Así que poco a poco fui metamorfoseándome en actor, es decir, en alguien que vive las vidas de otros.
Tras la ceremonia anduvimos por las calles desiertas y frías de Madrid en busca de un lugar para comer.  En una cervecería de Atocha vimos luz y entramos. Estaba atestada de taxistas jugando al mus y las tragaperras. En la barra estaba terminando de cenar José Mª Pou, que se agobió con la bulla malagueña y se fue al poco tiempo.
De allí partimos hacia la discoteca en la que se celebraba la fiesta (hacía años que no iba a una (discoteca)).  Ahora la que estaba en la barra era Emma Suárez, a quien también acabamos desplazando amablemente con danzas, oeoés y otras euforias, aunque luego volvió y estuvo brindando con nosotros.
Y así concluyó esta jornada de máscaras, manzanas, triunfo, flashes y malentendidos en la que me vi inmerso como en un sueño o en una comedia sin título.
Telón.

El mileniarista Arrabal que no se llevó el premio.

Y aquí está el impostor con los ojos blanqueados por el flash.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado hermano de Monti. Me gustó tu artículo. Hace un par de días hablaba con Francesca Rojas (Pechá de Arte, futura web de artistas en Málaga) sobre la buenísima disposición de actores, músicos y artistas plásticos malagueños a colaborar en proyectos que impulsan la cultura y en contrapartida la precariedad laboral que sufren. Esta es una profesión de valientes. Mucha mierda!!!
Márgare Alba

Anónimo dijo...

Fernando Arrabal se parece cada vez más a Paco Clavel.

El comentador de Ocaña

Anónimo dijo...

¡Enhorabuena a ti también!
¡Oh, artista! (y hermano, hijo, pareja y amigo de artistas)

Roy Batty

Unknown dijo...

¿Quién eres, Roy Batty, que tanto sabes de mis ancestros y congéneres?

Anónimo dijo...

¿Pareja de artista? Que yo no me entere.